El saber hacer de nuestros quesos

El ciclo productivo de la leche no puede pararse y el trabajo en la finca debe ser constante.
El día solo tiene 24 horas y hay mucha tarea por delante, por lo que antes de las siete de la mañana ya están encendidas las luces de la sala de ordeño. Tras ordeñar, hay que atender y dar de comer al ganado.
Esta es una tarea que se repite mañana y tarde.
Hacer queso implica mucha dedicación y trabajo duro. La paciencia será la clave, no habrá dos quesos iguales, cada uno de ellos tiene un sello personal.
A la leche de los ordeños de mañana y tarde se le añade cuajo de cabrito lechal. Una vez formada la cuajada se corta manualmente con la lira y se desuera.
La pasta obtenida se introduce en los moldes donde continúa con el proceso de desuerado.
Los quesos de pasta prensada se pasan a la prensa mientras que los quesos de pasta semiblanda se voltean uno a uno en la mesa de trabajo.
Tras este proceso los quesos se introducen en salmuera el tiempo necesario para cada tipo de queso. Después de salarlos, los quesos se sacan de los moldes y durante un tiempo se orean en la cámara de secado. Mientras los quesos se están secando, el volteo manual de cada pieza es continuo para conseguir equilibrar la humedad y que el queso evolucione de manera homogénea.
En el último paso, los quesos pasan a nuestra cava natural de afinado donde mimamos cada uno de ellos siguiendo con el volteo.

Cada uno de nuestros quesos es único.